Culiacán, Sinaloa.— La primera nota no irrumpió: se deslizó. Como si siempre hubiera estado ahí. Bajo la luz tibia del Paseo del Ángel, la guitarra de Humberto Solano abrió camino y la percusión de Berna Galindo marcó el pulso de una noche que no buscaba espectáculo, sino encuentro.
El concierto, titulado Entre letras, cuerdas y mader
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